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14 diciembre 2009
19 septiembre 2009
La expansión de la cumbia "villera"
Julio María Sanguinetti
EL PAÍS - 19/09/2009
Nuestra sociedad post-moderna, trans-moderna o líquida, como queramos llamarla según el pensador que elijamos para discurrir sobre nuestro mundo contemporáneo, genera manifestaciones populares sustantivamente transgresoras. No se trata simplemente de los conocidos enclaves de marginación social o aun de las tribus ciudadanas, en que se mezclan la droga, la violencia y el delito. Nos referimos a fenómenos que, nacidos de la marginación, adquieren una fascinación que los termina convalidando socialmente.
Polémica en el Río de la Plata sobre esta subcultura musical: ¿es "chatarra" o signo de la diversidad?
Es el discutido caso de la cumbia, una hermosísima danza caribeña nacida en Colombia, testimonio vivo de los sincretismos culturales que se dan en nuestra América. Mezcla de sones e instrumentos africanos, indígenas y españoles, ha ido madurando con el correr de los años, renovándose, incorporando nuevos elementos musicales y aún letras, que originalmente no aparecían.
En los años 50 comenzó, lentamente, la difusión de sus grabaciones y los famosos Wawanko las esparcieron por el mundo de habla castellana. A partir de entonces, la cumbia fue una en Colombia, otra en México y otra en Perú, hasta que al llegar a la Argentina adquirió un sesgo curioso: adoptada por los habitantes de los asentamientos irregulares (las "villas" o "villas miseria"), pasó a generalizarse. Musicalmente es un híbrido de otras "cumbias" nacionales, que preserva el contagioso ritmo caribeño, pero añade letras de un contenido social violento. El lenguaje es duro y a veces procaz. Cuenta historias de vidas golpeadas por la adversidad, donde robar ("chorrear") es lo normal, la droga la escalera para trepar y el sexo un ejercicio machista desenfadado y grosero.
Es muy curioso como la "villera", bajo ese rótulo, se ha ido expandiendo velozmente por el continente, a través de las "barras bravas" de los clubes de fútbol y algunas emisoras underground. El fenómeno ocurre no sólo en los bajos estratos sociales, sino aun en los de mayor nivel, en que estos panfletos marginales conviven con las expresiones más sofisticadas del rock. Es precisamente el caso del Río de la Plata, tanto Argentina como Uruguay, donde un corte transversal de la sociedad acoge este mensaje que algunos respetan como expresión de la pobreza y otros vituperan al repudiar la legitimación de una literatura antisistémica.
Digamos también que las letras no son fáciles de entender para quien no esté familiarizado con ese lenguaje de la marginalidad. En nuestra región rioplatense ya el tango consagró una literatura notable en que el castellano se mezclaba con un lunfardode fuerte influencia italiana. Lo de ahora es un nuevo argot, más crudo, a veces truculento, poco comprensible fuera de su ambiente, aunque su intención se advierta. Allí desfilan la madre soltera, el ladrón habitual, el muchacho al que le estalla la cabeza por lo que ha ingerido, la pobre putilla ignorante, la droga, el niño sin figura paterna, el odio de clase...
Hace algunos años, en Buenos Aires, un gobernante vinculó la expansión de esta cumbia al auge del delito y la inseguridad pública. Desatado el debate, el propio presidente Kirchner terminó hablando a favor de la "villera". Estos días en Montevideo, a raíz de unos cursos oficiales para enseñar a bailarla, se enfrentaron el director de la Filarmónica, quien la calificó de "chatarra" que consume la misma gente ignorante que se entrega a la "pasta base", mientras el director de Cultura la defendió en nombre de la diversidad.
La discusión, por cierto, desborda la anécdota local. Y no es otra que la del relativismo. Si en nombre del respeto a pueblos con culturas primitivas, o religiones arcaicas, se preconiza que aceptemos sin chistar la subordinación de la mujer hasta el nivel de la esclavitud, no es extraño que también estructuras oficiales -para atraer a jóvenes a los que cuesta aproximar a programas cultura-les- difundan la cumbia "villera" como si mereciera la misma consideración que una sinfonía de Beethoven.
Basados en cierta antropología clásica y el catecismo moderno de lo "políticamente correcto", no faltan -en todas partes- intelectuales defensores de la difusión de esta sub-cultura marginal que se regodea en su propia degradación. En nombre de la libertad, no se nos ocurriría perseguir esta música o proscribirla de las radios. Pero, ¿es razonable que la asumamos como un valor auténtico, enclavado dentro del discurso "pobrista" que inunda el mundo?
Si da lo mismo hablar bien que mal y asumir el delito como un laburo más, se perpetúa el atraso y difícilmente se formará una juventud para los exigentes tiempos globalizados. Desde ya que no es posible congelar hábitos y modalidades culturales. Por eso mismo, hoy despenalizar el aborto o aceptar la legitimidad del concubinato, ya está impuesto en la mayoría de los Estados. Pero eso nada tiene que ver con el descenso de los modos de relación hasta un nivel de degradación que se está viendo cada vez con más frecuencia en numerosos países, aun desarrollados, donde el choque de las zonas pobres con los aluviones inmigratorios va generando extrañas subculturas.
Bienvenida sea la diversidad. Pero ella no es el pasaporte al vale todo. Todavía Velázquez es Velázquez y Cervantes, Cervantes.
Julio María Sanguinetti, ex presidente de Uruguay, es abogado y periodista.
08 junio 2009
26 marzo 2009
31 diciembre 2008
El español, un filón huérfano de prestigio
Es la cuarta lengua más hablada del mundo, idioma oficial en 18 países y el más estudiado tras el inglés - Vale mucho (15% del PIB nacional), pero le falta el pedigrí de la relevancia internacional
TEREIXA CONSTENLA
ELPAÍS - 31/12/2008
Un adverbio no tiene precio. Ni errar con las tildes trastoca la economía. No se paga por hablar (con las sabidas excepciones) ni se cobra por escribir un correo electrónico. El adverbio, las tildes, el habla o la escritura forman parte de un conglomerado llamado idioma, que no está en la lista de la compra ni en las cuentas de resultados. Sin embargo, pesa en la economía. Como el turismo o la compra de viviendas. Con un inconveniente: es un recurso de difícil medición económica. Y una ventaja: vadea las crisis con resuello. En estos tiempos, disponer de un recurso que cotiza al alza sin ingenierías contables puede considerarse un tesoro. O un activo.
'El español en cifras', del Anuario del Instituto del Instituto Cervantes 2006-2007
DOCUMENTO (PDF - 85,23Kb) - 31-12-2008
El castellano es un bien cuyo valor aumenta con la cifra de usuarios
Guillermo Corral: "Sin una oferta de calidad en Internet, no daremos el salto"
El alemán y el francés pierden matrículas en Estados Unidos
La inversión en tecnología refuerza el uso del inglés en la ciencia
El español lo es. Lo hablan 441 millones de personas, es lengua única en 18 países (y cooficial en otros tres) y el segundo idioma más estudiado del mundo (sólo detrás del inglés). Hay negocios de enseñanza y potentes sectores (editorial, audiovisual, discográfico...) que lo usan como materia prima básica. Y más allá de lo obvio, hay otros ámbitos económicos influidos por las palabras en común: las exportaciones y la internacionalización de las empresas españolas en América Latina, el trasiego de inmigrantes latinos hacia España o las oportunidades profesionales que se abren en países como Estados Unidos.
Sobre todo ello planeó un gran desconocimiento. "No se ha sido muy consciente, pero conseguir datos fiables cuesta y es ahora cuando tenemos datos objetivos para saber que el español está ahí. Los ingleses hace mucho que lo descubrieron", reflexiona Carmen Caffarel, la directora del Instituto Cervantes, uno de los organismos que, desde su creación en 1991, ha buceado más en el estudio del español y su proyección internacional.
La preocupación por su peso económico es incluso más reciente, y tal vez un mecanismo de supervivencia. En tiempos en los que el conocimiento sin utilidad práctica está en retroceso, la lengua adquiere más proyección con los defensores de su rentabilidad que con los filólogos que la desmenuzan. El primer estudio que puso números a las letras se publicó en 2003. Dirigido por Ángel Martín Municio, concluyó que el valor del español equivalía al 15% del PIB, una cuenta que salía de considerar al idioma como un input que se incorporaba a todos los bienes y servicios finales producidos en España.
En la investigación más reciente, Valor económico del español: una empresa multinacional (2008), dirigida por los economistas José Luis García Delgado, Juan Carlos Jiménez y José Antonio Alonso, se aportan novedades en los datos -a la lengua se le atribuye el 16% de la ocupación laboral- y en el punto de vista: su valor económico es dinámico, no un mero porcentaje del PIB.
Analizarlo no es fácil. "Se trata de un activo inmaterial -intangible, por tanto-, dotado de importantes externalidades, incapaz de ser apropiado por los agentes económicos que acceden a su uso, que carece de costes de producción y que no se agota al ser consumido", enumera el catedrático de Economía Aplicada José Luis García Delgado en un artículo incluido en el libro El español de los De ahí, su marco doctrinal: "La lengua es un bien público cuyo valor aumenta conforme crece el número de quienes la hablan y de su capacidad para servir de medio de comunicación internacional".
Es, pues, incuestionable la valía de un idioma hablado por 441 millones de personas. Y también su utilidad como medio internacional de comunicación, teniendo en cuenta que 18 países lo tienen como lengua oficial.
Si es un bien que se revaloriza conforme crece el club de personas que lo emplean, como sostiene el economista Juan Carlos Jiménez, las perspectivas futuras resultan de lo más halagüeñas. Basta detenerse en lo que está a punto de ocurrir en Brasil, el país que ha abrazado al español con más empeño institucional. En pocos años lo hablarán 11 millones de brasileños gracias a la decisión del Gobierno de incluirlo en todas las escuelas como lengua optativa, lo que como medida directa ha disparado la demanda de profesores de español en el gigante suramericano.
La segunda locomotora del español en el mundo es Estados Unidos, no por a es Estados Unidos, no por apoyo institucional como en el caso anterior, sino por el empuje demográfico de los emigrantes latinos. Es ya el segundo país con más hispanohablantes después de México. En la Enciclopedia del español en Estados Unidos se prevé que los 44 millones de hispanos que vivían en el país en 2006 se multiplicarán hasta 132 millones en el año 2050.
Otro indicador de interés es la evolución de la demanda de lenguas extranjeras en las universidades estadounidenses: mientras retroceden lenguas tan prestigiadas como el francés o el alemán (han perdido respectivamente 66.000 y 39.000 matrículas desde 1990 hasta 2006), el español se ha disparado (en ese periodo ha ganado 289.000 matrículas). "Conviene, sin embargo, no dejarse llevar, como sucede tantas veces en España, por una especie de entusiasmo estadístico", ataja el escritor Antonio Muñoz Molina, quien dirigió el Instituto Cervantes en Nueva York. Tanto en artículos como en intervenciones, Muñoz Molina enfría el júbilo numérico. Asegura que el español vive en Estados Unidos una situación paradójica, lo que explica que pese al boom poblacional se hayan cerrado las dos únicas librerías de español que había en Nueva York.
"Su peso demográfico no se corresponde ni de lejos con su importancia cultural, de modo que a la buena noticia sobre su pujanza y sobre la demanda de su aprendizaje debe contraponerse un cierto escepticismo sobre su futura relevancia social, cultural e incluso política", escribió el escritor en un artículo para el Instituto Cervantes. A realzar su prestigio no ayuda -se queja el escritor-la escasa calidad de TVE Internacional, nada que ver con la parrilla exterior de la BBC. Quienes se zafan de la autocomplacencia por la cantidad, citan varios agujeros negros del español. No es una lengua científica. Gerardo Delgado, presidente de la Federación Iberoamericana de Sociedades de Física, recuerda que lo fue el Siglo de Oro, coincidiendo con las innovaciones científicas desarrolladas en España. "Un elemento esencial en la importancia del inglés como lengua científica", expone, "es la inversión que hacen los países que utilizan este idioma en ciencia y tecnología".
Y hay más rotos que zurcir. Como Internet. "¿Cuál es el nivel de desarrollo del software en español? ¿Cuál es el volumen de publicaciones de libros, revistas científico-técnicas y prensa especializada? El verdadero desarrollo del español como lengua globalmente aceptada y extendida está por llegar", indica Francisco Pérez Navarro, presidente de la Federación Española de Escuelas de Español como Lengua Extranjera (Fedele).
Aunque el español ocupa el tercer lugar en Internet en cuanto a usuarios que demandan páginas en este idioma, por detrás del inglés y del chino, la cantidad, como ya se ha visto tantas veces, no lo es todo. No, al menos, para el director general de Políticas e Industrias Culturales del Ministerio de Cultura, Guillermo Corral. "Si el español quiere realzar su potencial tiene que conquistar Internet. Si no hay una oferta cultural de calidad en Internet, nunca conseguiremos que se dé el salto cualitativo, y aquí nos encontramos con el problema de la piratería", avisa. Corral cita el ejemplo de la industria editorial española: "Es la cuarta más grande del mundo con una proyección espectacular, pero tendría que migrar al entorno digital en tres años. Esa transición se desincentiva si no garantizamos que se va a producir un retorno de la inversión".
Los idiomas, afirma el economista José Luis García Delgado, poseen un valor filológico, cultural, político y económico. Pesan según los hablantes, pero también según los usos. El español ha superado la batalla de los números, pero tiene pendiente convertirse en una de las lenguas de referencia mundial en el campo de la diplomacia, la cultura, la ciencia y las nuevas tecnologías. El toque del pedigrí.
El año 1492 no sólo acogió hazañas geográficas y convulsiones políticas. También fue el año en el que un catedrático andaluz, que trabajaba en la Universidad de Salamanca, creó las primeras normas del castellano. Una aventura tan colosal como que un europeo encontrase un continente. Antonio de Nebrija urdió la primera gramática del castellano. No sólo eso. También redactó una Gramática del español como lengua extranjera, que, en sus propias palabras, estaba pensada para "los pueblos bárbaros sometidos, los enemigos de nuestra fe que tienen ia necessidad de saber el lenguaje castellano y todos aquellos que tienen algún trato i conversación en españa i necessidad de nuestra lengua". Nebrija fue sin duda un erudito visionario, aunque su vanguardismo no encontró continuadores constantes. Desde el siglo XV, la enseñanza del español ha vivido entre claroscuros y altibajos.
Una inestabilidad que parece disiparse en las últimas décadas, conforme se aprecia su ancha veta económica. Incluso Turespaña ha olfateado su potencial y ha comenzado a mimar el turismo idiomático. Porque no se trata de calderilla. En 2007, España ingresó 462,5 millones de euros gracias a los extranjeros que vinieron a estudiar español. Cada uno se gasta de promedio 1.950 euros entre cursos, alojamiento, manutención y ocio. Salamanca, Sevilla, Cádiz, Málaga, Granada, Valencia, Alicante, Barcelona y Madrid despuntan: acogen el 72% de los 600 centros de enseñanza de español.
Alemanes (23%) y estadounidenses (13%) son los alumnos más frecuentes, seguidos de franceses, italianos y británicos. Cada vez llegan más: los 130.000 estudiantes de 2000 son 237.000 siete años después. Un camino de éxito en el que, como en todo, hay un pero. "En el poderoso mercado americano estamos perdiendo año tras año cuota de estudiantes que vienen a España a favor de otros destinos", advierte el presidente de la Federación Española de Escuelas de Español como Lengua Extranjera (Fedele), Francisco Pérez Navarro.
México, Costa Rica, Argentina y Chile son, según Turespaña, los principales competidores en la captación de turistas idiomáticos. Pérez Navarro considera urgente que la promoción en el extranjero se unifique entre todas las instituciones, que se reconozcan por las universidades estadounidenses los certificados de estudios del Instituto Cervantes o que se agilice la tramitación de visados de estudios. Con estos esfuerzos, prevé que se duplique la cifra de turistas idiomáticos.
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El "torpe" Pennac

OCTAVI MARTÍ
EL PAÍS - 06/09/2008
"Los padres, la televisión, los libros pueden ser idiotas, pero los chavales no lo son", afirma el popular escritor francés, autor de Mal de escuela. Él fue un cancre, un alumno cretino y desastroso, y logró triunfar sirviéndose de la lectura, la imaginación y el amor.
La cita es en pleno Vercors, en las afueras del pueblecito, en su casa de veraneo. Y casa de escritura. Daniel Pennac (Casablanca, 1944) se refugia ahí para descansar o para poner en solfa un nuevo libro. Y para pasear en bicicleta o a pie por ese valle y esas montañas que, a finales de septiembre, ya pueden recibir las primeras nieves. Hoy, a almorzar, nos espera acompañado de otro escritor, Tonino Benacquista, novelista y guionista de quien Pennac dice: "Así como la mayor parte de la gente escribe por haber escrito, Tonino escribe por escribir". O lo que es lo mismo, quiere hacer películas, no ser director de cine.
"La escuela no tiene nada que vender. Imparte saber, algo que es necesario pero que raramente se desea"
"No hay nada más emocionante que ver cómo un chaval descubre que la memoria no es cuestión de acumulación"
"La escuela es el lugar de todas las violencias. Enseñar es violento, es violentar al otro. ¡Todo acto iniciático es violento!"
Hoy se ríe de su pasado de alumno catastrófico pero sólo es divertido porque puede contarlo. "Sabe, un cancre no es un gandul, aunque puede serlo a consecuencia de su nulidad, de su incapacidad para comprender. Es alguien que no puede jactarse de lo que es -un gamberro sí puede creerse autorizado a hacerlo- porque sufre o ha sufrido de ello. Como un asmático que nunca se vanagloriará de sus problemas respiratorios, el cancre tampoco lo hará de sus problemas de respiración intelectual". La situación se prolongó durante los primeros quince o dieciséis años de su vida. ¿Por qué? Un misterio. El padre, profesor de élite; la madre, en casa ocupándose de los hijos; los hermanos, alumnos brillantes. Menos Pennac. Daniel Pennacchioni para el registro civil o cuando pasaban lista en clase. "Esos años fueron terribles. Todo nace de una primera incomprensión, de un problema de inhibición, provocado por la timidez, el azar o cualquier otra causa. Y se acumula y se interioriza. Te dices a ti mismo que eres idiota, un cretino, que no hay nada que hacer contigo. Si te consideras idiota entonces quedas liberado de cualquier esfuerzo. Lo tuyo es irreparable. Luego, a partir de 1969, cuando empecé a trabajar como profesor de alumnos de bachillerato, nunca me topé con ningún muchacho idiota. Los padres pueden, podemos ser idiotas, la televisión, los libros, los grupos, pero los chavales no lo son. Los hay más vivos, más atrevidos, más rápidos, pero ningún cancre es idiota".
La literatura de ficción ha tenido para Pennac otra función que la de rescatarle del pozo del fracaso escolar. Recuerda que nunca fue capaz de llevar un diario personal "porque hubiera sido un ejercicio masoquista", pero también que nunca tuvo problemas para inventar, para imaginar. "Y la imaginación me ha servido de lugar de memoria. Es una memoria al revés. En mis historias puedo encontrar lo que me pasaba aquel año". Eso tiene que ver con sus escasas dotes para memorizar. "No pretendo compararme con él, pero me sucede lo que a Michel de Montaigne: no tengo memoria funcional. Él, que era un hombre bien educado y cortés, era incapaz de recordar los nombres de sus sirvientes. Para lograrlo recurría a trucos nemotécnicos, como asociar el apellido con la función que desempeñaban o con el nombre del pueblo donde habían nacido. Montaigne anotaba sus libros y luego no era capaz de recordar lo que significaba aquella anotación, por qué la había hecho. Hubo un momento en que intenté llevar un diario personal pero limitándome a lo factual. Cuando lo releía no recordaba ninguno de los hechos que había anotado. Es la ficción la que me permite recordar. Es un psicoanálisis salvaje".
La lógica de Pennac tiene mucho que ver con la sensatez. Él está convencido de que las dificultades gramaticales se resuelven gracias a la gramática, que las faltas de ortografía desaparecen haciendo ejercicios de ortografía, que el pavor ante los libros se arregla leyendo y que la incapacidad para comprender exige una inmersión en el texto. Él, el niño para el que las matemáticas eran un idioma incomprensible, dice haberse encontrado un alma gemela en la persona de Stella Baruk, autora de un fenomenal diccionario de matemáticas (Dictionnaire des mathématiques élémentaires, Seuil). "En dos o tres días logra que críos que estaban reñidos con las matemáticas comprendan su lenguaje. A partir de ahí, de la comprensión de lo que les hablan, todo cambia. Es una mujer prodigiosa".
Lamenta que gente como el filósofo Alain Finkielkraut, cuando hablan de la escuela, pierdan la razón. "Estoy de acuerdo en casi todo lo que dice. Sus programas de radio son, muy a menudo, espléndidos, pero Finkielkraut tiene miedo, teme que la lengua francesa que él maneja con tanta precisión sea destruida por esos hijos de emigrantes que se expresan de manera aproximativa, en un argot lleno de interjecciones y guturalidades. Recuerdo a los pequeños calabreses con los que jugaba de niño. ¡Cuando era la hora de reclamar la merienda, de pronto, abandonaban su idiolecto! El argot de las barriadas es el lenguaje que hablan los pobres para hacerles creer a los ricos que les esconden algo. ¡Pero no tienen nada que esconder, como no sean pequeños negocios miserables y una enorme desesperación!". Ese miedo lo alimenta el poder, la prensa, la sociedad toda. Es importante tener culpables y en la escuela todos los escalafones encuentran su culpable: el otro.
"En cualquier caso, cuando se habla de violencia en la escuela no hay que olvidar que la escuela es, per se, el lugar de todas las violencias. Es el lugar donde se entrechocan el conocimiento y la ignorancia. Enseñar es violento, es violentar al otro. ¡Todo acto iniciático es violento!", concluye sin dejar de creer en que la violencia que el saber le aplica a la ignorancia está justificada y que el aprendizaje es una forma de canalización de la violencia. Los cancres, escudados en su caparazón de nulidades, puede que sufran esa violencia más que cualquier otro tipo de alumno. "El cancre, como todos los demás, cuando tiene que responder a una pregunta, puede elegir entre una respuesta correcta, otra equivocada o la absurda. Acostumbra a elegir la absurda. Cuando sucede esto el profesor no puede calificarle, decirle que su respuesta es errónea porque no lo es: es absurda, que es otra cosa. El cancre responde lo primero que le pasa por la cabeza porque aún no ha salido de la lógica infantil que hace que el niño crea que cuando el profesor pregunta es porque necesita una respuesta. El cancre responde para que le dejen tranquilo, para que quede claro que él, el cretino, el idiota, cumple con las reglas del juego y contesta aunque sea un absurdo".
No se considera pesimista porque cree "en la posibilidad de la transmisión". Dejó la enseñanza cuando la literatura le permitió ganarse la vida. "Soy un escritor que ha llegado un poco tarde a la notoriedad. Todo lo hago despacio. El éxito me llegó a los cuarenta años". De su serie con el señor Malaussène como protagonista, con el barrio de Belville como el otro gran protagonista, se han vendido centenares de miles de ejemplares. De Mal de escuela, más de 700.000. Su madre centenaria aún no acaba de creerse que aquel retoño tan poco dotado para los estudios haya sido un buen profesor y hoy un escritor de éxito, y piensa que todo es fruto de un equívoco que no puede durar. Él evoca en su libro ese escepticismo materno o el orgullo con que el padre ponía en las cartas que le escribía, junto al nombre y apellido, el título de "profesor". Y recuerda al mismo tiempo su incomprensión ante alumnos irreductibles. "Un chaval terrible. Cuando le vi pensé que acabaría en las páginas de sucesos. Había en él una violencia fría, tremenda, que no necesitaba ni tan sólo un enfado para manifestarse. Un día detuve a tiempo su puño cuando estaba a punto de estamparlo en la cara de una chica. La directora del centro me llamó para advertirme de que el chico, en su casa, pegaba a su padre. Y mientras lo hacía, la madre rezaba. Había sido adoptado y el padre, para hacerse obedecer, le pegaba. Cuando él cumplió los 14 la situación se invirtió. Se fue de la escuela. Dos o tres años después me paró en la calle. Repartía pizzas. Fuimos a tomar un refresco. Parecía equilibrado".
Mal de escuela. Daniel Pennac. Traducción de Manuel Serrat Crespo. Mondadori. Barcelona, 2008. 256 páginas. 20,90 euros. El libro se venderá a partir del próximo viernes.
01 mayo 2008
Junot Díaz: "EE UU tiene pesadillas en español"
"EE UU tiene pesadillas en español"
EDUARDO LAGO
El reconocimiento a la irreverente prosa de este dominicano es también la recompensa a las tribulaciones de los autores latinos en Estados Unidos. Nombres como los de Díaz o Francisco Goldman, que escriben en inglés y viven en español en un país en el que, según explican, el bilingüismo se interpreta como una amenaza
Nacido en la República Dominicana en 1968, Junot Díaz tenía siete años cuando su familia emigró a una zona particularmente deprimida del cinturón industrial de Nueva Jersey. Durante su infancia vivió el trauma de tener que cambiar de lengua. Pobre, apremiado por una difícil situación familiar, Díaz buscó refugio en la literatura, leyendo desaforadamente cuanto caía en sus manos. Publicado cuando su autor tenía 28 años, su primer libro, un delgado volumen de relatos titulado Drown (1996), centró en él la atención del mundo editorial de su país, que vio en Junot Díaz al más firme valor de las emergentes letras hispánico-norteamericanas. Enfrentándose a una presión casi insoportable, Díaz esperó 11 años antes de publicar su primera novela, La maravillosa vida breve de Oscar Wao, el otoño pasado. La obra ha cosechado un importante número de distinciones que han culminado con la obtención hace unos días del Premio Pulitzer, el galardón más prestigioso de las letras americanas.
"En el Caribe reciclamos lo que otras culturas arrojan a la basura"
"En la república de las letras, los latinos somos ciudadanos de segunda"
"Estados Unidos es la zona cero de la lucha entre el inglés y el español"
"Siempre me han fascinado escritores apocalípticos como Cormac McCarthy"
Pregunta. ¿Qué significa para usted el Premio Pulitzer?
Respuesta. Aparte de una enorme satisfacción personal, espero que arroje algo de luz sobre los escritores latinos de EE UU, que en mi opinión son ciudadanos de segunda en la república de las letras norteamericanas y latinoamericanas.
P. La maravillosa vida breve de Oscar Wao se publica 11 años después de su primer libro. ¿Por qué tanto tiempo?
R. Fue un infierno, no sé cómo sobreviví. Soy terriblemente duro conmigo mismo, padezco la enfermedad del perfeccionismo. Destruyo incluso cosas que me salen bien para intentar mejorarlas, de modo que parte del proceso consistió en derrotarme a mí mismo.
P. ¿Le costó mucho dar con la forma del libro?
R. Me ayudó mucho un ensayo de J. R. R. Tolkien sobre lo que él llama el mundo secundario: un espacio donde es posible reordenar los elementos del mundo real, de manera totalmente novedosa. Entre otras cosas, el mundo secundario permite, tanto al escritor como al lector, recuperar la capacidad de asombro privativa de la niñez. Es fácil aplicar la noción de mundo secundario a la ciencia-ficción, lo que no es tan obvio, pero un día pensando en cuál sería la mejor manera de abordar el tema de la dictadura de Trujillo en mi novela, caí en ello, es que las dictaduras tienen las mismas características que los mundos secundarios de Tolkien, sólo que en clave de pesadilla. Crean universos paralelos invisibles donde tienen lugar las torturas y las desapariciones mientras se mantiene la apariencia de normalidad.
P. ¿Se puede hablar de una tradición literaria latina en EE UU?
R. Creo que está todavía por surgir. Constituimos un canon disperso. Están los chicanos, los escritores de Nuevo México, los caribeños. Yo hablaría de textos, más que de escritores.
P. ¿Puede citar algunos?
R. Family Installments del puertorriqueño Edward Rivera; ... y no se lo tragó la tierra, del chicano Tomás Rivera; Nuestra casa en el fin del mundo, la primera novela de Óscar Hijuelos, para mí la mejor; Soñar en cubano, de Cristina García; Una casa en la calle Mango, de Sandra Cisneros. El mejor de todos nosotros es Francisco Goldman.
P. ¿Cuáles son las coordenadas de su cartografía literaria más íntima?
R. Siempre me han fascinado los escritores apocalípticos como Cormac McCarthy, Toni Morrison o Maxine Hong-Kingston. Una de mis novela favoritas es Ceremony, de Leslie Marmon Silko, india laguna. El mejor cuentista que tenemos en EE UU es Michael Martone. En ciencia-ficción están Octavia Butler, Samuel Delany y el inglés John Brunner, una especie de John Dos Passos, autor de Stand on Zanzibar, novela que leo todos los años. Y soy fanático de Haruki Murakami.
P. ¿Qué tiene que ver Derek Walcott con Los Cuatro Fantásticos?
R. Los personajes de Stan Lee o Jack Kirby son tan ajenos a la realidad caribeña como los de Homero, antes de que los recuperara Walcott. Walcott es muy importante. Canibaliza la herencia colonial europea, quizá el rasgo más distintivo de la cultura caribeña. En el Caribe siempre hemos sabido reciclar los residuos arrojados por otras culturas al basurero de la historia. Uno de los narradores de mi libro aprovecha la ingente cantidad de material abandonado que son los subgéneros literarios, como las historias de horror y la ciencia-ficción, por dos razones, una para derribar los prejuicios que jerarquizan las distintas formas de literatura y otra porque no hay ningún género en que se manifieste mejor el horror a la otredad que la ciencia-ficción.
P. ¿Qué le llevó a retomar el tema de Trujillo, asunto tratado ya por muchos autores?
R. Es cierto que es un tema sobresaturado. En Santo Domingo, si se lo nombras a un escritor, sale corriendo. Nadie quiere un libro más sobre Trujillo. Sólo que a mí me parecía que después de tanto escribir sobre el tema, seguía fallando algo esencial. Es muy extraño. El problema es que el guión que proporciona la figura de Trujillo es tan fuerte que si escribes sobre él te conviertes sin darte cuenta en su secretario. Le pasó incluso a Vargas Llosa. Como novela, La fiesta del Chivo es irreprochable, y, sin embargo, cuando la leí me dejó mal sabor de boca, porque me di cuenta de que a Trujillo le hubiera encantado, porque perpetúa el mito. Yo intento interrumpir el ritual celebratorio. El poder de Trujillo se perpetúa en las historias que se escriben sobre él. Mi libro trata de levantar una contrahistoria.
P. ¿Cree que en EE UU hay miedo al avance del español?
R. ¿Por qué cree usted que combaten el bilingüismo, que en el resto del mundo es una bendición? ¿Por qué cree usted que apenas traducen a los autores que escriben en español? El mercado está ahí, los lectores están ahí y todo el mundo se cruza de brazos. EE UU es la zona cero de la lucha entre el inglés y el español y lo saben. El miedo que tienen es inconsciente, pero muy real. A veces a la gente se le pregunta en qué idioma sueña. Si a los americanos alguien les preguntara en qué idioma tienen pesadillas no hace falta esperar a que contesten. Las tienen en español.